Vietnam está a punto de ejecutar una de las decisiones más disruptivas en la historia reciente de la movilidad urbana: las motocicletas y ciclomotores con motor de combustión serán prohibidos en el centro de Hanoi. La medida forma parte de un ambicioso plan para combatir la contaminación del aire y reducir el ruido en una de las metrópolis más congestionadas de Asia, según una directiva emitida por el Primer Ministro Phạm Minh Chính.

En Hanoi circulan casi 7 millones de motos.
Cambio en un país que vive sobre dos ruedas
Vietnam es una sociedad que gira literalmente sobre motocicletas. En Hanoi circulan más de 6,9 millones de motos, en su mayoría impulsadas por nafta, lo que representa la forma de transporte dominante en una ciudad donde las calles están permanentemente saturadas. Esta dependencia intensiva de las motos contribuye de forma directa a los elevados niveles de contaminación atmosférica, con episodios de mala calidad del aire entre los peores del mundo.
El gobierno ha planteado una hoja de ruta escalonada: primero, el cierre total al tránsito de motos de combustión dentro del Ring Road No. 1 de Hanoi desde julio de 2026. A partir de allí, llegará la extensión de la prohibición al Ring Road No. 2 y restricciones a vehículos privados en 2028. Finalmente, abarcará un área aún mayor que incluirá el Ring Road No. 3 para 2030. Esta estrategia apunta tanto a reducir las emisiones como a transformar la movilidad urbana.
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Una transición agresiva que obliga al cambio
La razón oficial de Hanoi es clara: el transporte con motor de combustión es una de las principales fuentes de emisiones contaminantes en la ciudad. Las autoridades vietnamitas, con base en estudios de calidad del aire y tránsito, posicionan a las motos como responsables significativos de hidrocarburos, monóxido de carbono y partículas finas que deterioran la salud pública.
El plan incluye no solo la prohibición de motos (y autos), sino también la creación de zonas de bajas emisiones y políticas de apoyo para impulsar la movilidad limpia, que contemplan transporte público, estaciones de carga y mejoras en infraestructura.
La medida forma parte de un ambicioso plan para combatir la contaminación del aire y reducir el ruido en Hanoi, una de las metrópolis más congestionadas de Asia.
¿Quién gana y quién lucha contra el cambio?
La transición ha impulsado la demanda de motocicletas eléctricas, que ya muestra crecimientos muy por encima del segmento de combustión interna. En los primeros ocho meses de 2025, las ventas de motos eléctricas crecieron más rápido que las de modelos convencionales. Con marcas locales como VinFast liderando el mercado y expandiendo su oferta masivamente. Además, Vietnam ha llegado a posicionarse tercero a nivel mundial en ventas de motos eléctricas, detrás de China e India.
Aun así, menos del 10 % del parque es eléctrico, por lo que el cambio resulta drástico para millones que todavía dependen de una moto de combustión barata. La medida ha generado preocupación social por cuestiones económicas, dado que muchas familias -particularmente trabajadores informales y repartidores- dependen de sus motos para subsistir.
La decisión de Vietnam va más allá de Hanoi. Ciudades como Ho Chi Minh City impulsan sus propios programas para sustituir cientos de miles de motos de combustión por eléctricas antes de 2030.

Como medida preventiva ante la polución del aire, el uso de barbijo es muy común entre los motociclistas.
Tensiones con la industria y la sociedad
El impacto se deja sentir también en la industria. El mercado vietnamita, dominado históricamente por marcas como Honda (cerca del 80 % de las ventas), enfrenta un desafío sin precedentes. El gobierno japonés y fabricantes han advertido sobre el riesgo de pérdidas de empleos y perturbaciones en la cadena de suministro como consecuencia de la prohibición.
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Un experimento urbano con efectos regionales
La decisión de Vietnam va más allá de Hanoi. Ciudades como Ho Chi Minh City impulsan sus propios programas para sustituir cientos de miles de motos de combustión por eléctricas antes de 2030. Estas políticas ponen el foco en el equilibrio entre salud pública y viabilidad económica, pero también plantean una pregunta incómoda: ¿puede un país cuya cultura de movilidad gira en torno a las dos ruedas adaptarse tan rápido sin fracturas sociales profundas?
Lo que empieza en julio de 2026 promete ser una de las transiciones más radicales en movilidad urbana de las últimas décadas, con impacto no solo en la calidad del aire, sino en la forma en que millones se desplazan, trabajan y viven en el Sudeste Asiático.
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