Durante años, las viseras fotocromáticas prometieron adaptarse a la luz. En la práctica, siempre llegaron tarde. El nuevo sistema IRID de Shark no viene a mejorar esa tecnología: viene a jubilarla. Su carta de presentación es demoledora: menos de un segundo para pasar de transparente a oscura. No es marketing. Es electrónica aplicada a la seguridad.
En un contexto real —túneles, rutas de montaña, arboledas, clima cambiante— ese segundo marca la diferencia entre ver… o intuir.

Cuando cambia la luz, la energía se transmite de forma inmediata al cristal líquido, que ajusta el tinte en tiempo real.
Un segundo que redefine la seguridad visual
La clave del sistema IRID está en abandonar la química tradicional. En lugar de depender de la reacción lenta a los rayos UV, Shark apuesta por una película de cristal líquido controlada electrónicamente y alimentada por un micro panel solar integrado en la parte superior de la visera.
Cuando cambia la luz, la energía se transmite de forma inmediata al cristal líquido, que ajusta el tinte en tiempo real. Shark asegura que el proceso completo tarda menos de un segundo, frente a los 30–40 segundos de una fotocromática convencional y los varios minutos que tarda en aclararse nuevamente.
No hay baterías, no hay cables, no hay recargas. Es un sistema autónomo, impermeable y permanente, pensado para uso intensivo, no como gadget.
En Motodinamia
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IRID vs Shoei e:DRYLENS: dos filosofías opuestas
En Motodinamia ya se analizó el e:DRYLENS de Shoei, una solución inteligente que introdujo la electrónica en este terreno. Sin embargo, la comparación deja claras las diferencias de enfoque.
El sistema de Shoei utiliza una batería recargable por USB, con buena velocidad de respuesta, pero dependencia energética y un mantenimiento inevitable. IRID elimina ese punto crítico: funciona siempre, mientras haya luz.
En términos de reacción, Shark apunta más alto: transición instantánea y sin intervención del usuario. Donde e:DRYLENS propone control, IRID propone automatización total. El precio acompaña esa ambición: IRID se posiciona muy por encima, claramente en territorio premium.

No hay baterías, no hay cables, no hay recargas. Es un sistema autónomo, impermeable y permanente.
Compatibilidad, versiones y precio
Por ahora, IRID es exclusivo de los cascos Shark Race-R Pro, Aeron GP y Aeron, los modelos más avanzados de la marca. Habrá tres versiones:
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VZ Clear: homologada para calle
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VZ Dark y VZ Iridium Blue: uso exclusivo en circuito
El precio ronda los 400 euros, muy por encima de las viseras fotocromáticas tradicionales y también del sistema de Shoei.
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Más que una visera, un salto generacional
IRID no busca convencer por comodidad ni por estética. Apunta directo a la seguridad activa, atacando uno de los puntos ciegos históricos del equipamiento: el tiempo de adaptación visual.
Cuando una visera reacciona en un segundo, deja de seguir la luz. La anticipa. Y ahí es donde Shark cambia el juego.
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